Las bebidas alcohólicas (vino, cerveza, aguardiente, whisky, ron, ginebra, etc.) tienen una importantísima presencia en nuestro entorno social y cultural, que se remonta a muchos siglos. Tradicionalmente el consumo de alcohol estaba reservado a los varones adultos, que lo ingerían de forma más o menos habitual en los espacios vinculados a la comida o a ciertos acontecimientos sociales. Sin embargo, esta forma de consumo cambió radicalmente hace unos pocos años cuando las mujeres y, en especial, los adolescentes y jóvenes, comenzaron a incorporarse a este hábito.
El protagonismo adquirido por el cánnabis entre ciertos grupos juveniles se debe, en gran medida, a la supuesta inocuidad que se atribuye a esta sustancia. Muchos adolescentes y jóvenes creen que el consumo de cánnabis no supone riesgos para su salud, lo cual facilita su uso. Una opinión que carece de fundamento, puesto que el consumo continuado de hachís o marihuana produce problemas respiratorios y cardiovasculares graves, dificultades en el aprendizaje, alteraciones psicológicas (apatía, depresión) y problemas de dependencia.
El ocio se ha convertido en el espacio temporal preferente en el cual los jóvenes consumen drogas. las motivaciones que subyacen son múltiples y se relacionan fundamentalmente con la satisfacción de diversas necesidades como pueden ser: relacionarse con sus iguales, establecimiento de su propia identidad personal y grupal, la escenificación del “alejamiento” de los padres y su protección, transgresión social de las normas de los adultos y el establecimiento de relaciones afectivas y sexuales.